"...Playa Playa Playa / Me gustan las mantarrayas" Jesus Martínez
Aprendan de los errores ajenos, de los mios, aqui les va una serie de consignas que comprobé ayer en las afueras del Congreso, no sirven en una protesta:
"Abajo los godos..."
"Minou te amo..."
Como dijeron los diputados Aníbal Rosario Ramírez y Fidelia Altagracia Pérez Rodríguez cuando votaron dos veces "Mi voto vale mas que el tuyo"
"Minou adoptame..."
"Sergio Vargas la Reforma no es un merengue"
"Ramoncito nos hubiese dejado la playa"
"Que pasara con la cancion sin la playa...sólo quedará el Sol y un tró de vaina?"
"...ya por que no?, Vivian Lubrano mi senadora"
...entre otras frases que traté de exponer, no conectaron directamente con los cientos de personas que protestaron ante el Congreso ayer.
Pero ante un Congreso que se burla de nosotros, quitando derechos, volviendo secundario lo que antes primaba, una constitución amaniatada entre intereses personales y dirigida por Diputados que votan dos veces, Congresistas que se rehusan a quitar su familia de las nominas, otros que mandan a bajar escalones de nalga para abortar... hay que pararse, con sus consignas buenas o en mi caso malas...y dejar establecido como decía Napoleón que:
"Es injusto que una generación sea comprometida por la precedente. Hay que encontrar un medio que preserve a las venideras de la avaricia o inhabilidad de las presentes."
Estudiante de Derecho de PUCMM-STI, Director y Fundador de Encuentro Jurídico.
En una entrevista realizada el pasado año al escritor peruano Mario Vargas LLosa[1], éste complemento la famosa frase de Gaspar Melchor de Jovellanos al declarar “Los pueblos tienen los gobiernos que merecen tener, aunque luego se arrepientan.”
Entendemos que nunca antes esta frase pudo haber descrito con tal perfección la situación que vive la República Dominicana.Quisiera creer que las causas están en la naturaleza de ser un pueblo con cultura de masoquismo[2] y/o victimismo[3]; pero lamentablemente no somos tan afortunados y la realidad se asemeja más a parámetros tales como la ignorancia o las crudas y reales anomia social[4] y anemia democrática[5].
Vivimos tiempos de una voraz turbulencia que atenta con sucumbir la frágil embarcación de la democracia nacional. Ya no son gritos de alerta, si no ladridos de agonía. Y si andamos cazando al verdadero responsable de este cancerígeno tumor, no tendremos que aventurarnos entre espesas selvas o vastas sabanas; bastará con pararnos frente al espejo e identificar al individuo que nuestros ojos delatan. Nada más cierto que esto, pues es el pueblo quien expresando su máxima soberanía y libertad a través del derecho de elección que asiste a cada uno de sus miembros[6], selecciona mediante comicios públicos a sus más importantes representantes.
Una pendeja euforia fruto de dádivas y promesas demagógicas invade como elixir de éxtasis la razón de los votantes, quienes olvidan la importancia capital del ejercicio que se aprestan realizar, cuyo resultado marca irreversiblemente su futuro. Por antítesis, otros prefieren ser testigos absortos de los eventos, renunciando así a su derecho al reclamo, la critica e incluso a la insatisfacción misma, pues han preferido auto flagelarse con la estigmática marca de parias[7].
Ya sea por haber adoptado una u otra posición, todos de forma general, hemos contribuido efectiva y progresivamente en el diseño y puesta en marcha de un desorden social e institucional con destino sin escala al abismo.
La decepción acrecienta y la desesperación nos consume. Y me pregunto, cómo hemos llegado a ser tan ignorantes o núbiles al creer que una Asamblea de Legisladores elegidos sin el más mínimo criterio racional podrían obrar un escenario de paz, diálogo y consenso con miras a una nueva Carta Magna que reflejase en realidad el producto del clamor popular expresado por medio de consultas populares y no así convertirse en lo que hoy atestiguamos, una pieza confeccionada a la medida de intereses particulares que procuran la sustentabilidad de una dinastía hiperpresidencialista hasta tanto no se desencadene un ideológico, social o corporal enfrentamiento fratricida. Cómo podemos festejar como triunfo la paralización de las obras en Los Haitises si acabamos de conceder la costade Manzanillo en Montecristi como ofrenda virgen para ser violada. O cómo pretendemos eliminar la delincuencia juvenil, reformando normas para someterles a condenas de adultos (con las implicaciones traumatizantes que esto supone y la probada ineficacia del sistema de rehabilitación penitenciaria) como medida circunstancial para evadir la responsabilidad de retomar los valores sociales fundamentales, la importancia de la familia y el hogar, la educación y un autentico equilibrio en las oportunidades de acceso a las herramientas de perfeccionamiento y desarrollo humano.
No obstante, el dubitativo e improbable “cómo”, puede transformarse en el seguro y positivista “así”. Efectivamente, basta ya de culpar al gobierno, a las autoridades, a nuestros vecinos o al “gran imperio” del resultado producto de nuestras malas determinaciones.Es momento de que el pueblo logre su reivindicación, lo cual solo se materializará erradicando la catarata que ensombrece nuestra vista, haciéndonos caminar en un círculo infinito sin advertir la vereda del desarrollo justo frente a nosotros. Sin embargo, la vida se apiada nueva vez de nosotros, tal cual madre que nunca deja de querer a sus hijos, ella nos brinda un nueva oportunidad.
El próximo 16 de mayo, nuestra nación realizará la máxima expresión de su ejercicio democrático al decidir la suerte de su futuro por el transcurso de los subsiguientes cuatro años. Debemos pues actuar con conciencia, con raciocinio e introspección, porque resultaría insoportable volver a caer en el consumiente vicio que nos embarga. Es hora de dar la oportunidad a quienes la merecen, de reconocer a aquellos que como salmones han nadado contra la corriente en medio de las marismas de la corrupción y el desorden, para ser nuestros dignos representantes. Pero sobretodo es tiempo de creer en nosotros mismos, de no auto compadecernos ni auto flagelarnos, pues Sí somos valiosos, Sí merecemos algo mejor, Sí podemos decidir nuestro destino.
No podemos darnos por vencidos, pues si bien hay aquellos que prefieren una vida de resignación por temor a fracasar en la búsqueda de la verdad, la justicia y la felicidad, dejar de luchar, por culpa de la corrupción a nuestro rededor, es como dejar de vivir por no haber aire que respirar.
Y a pesar de todo, soy orgulloso de ser dominicano… a pesar de todo… que viva la República Dominicana!
[4] En la obra La división del trabajo social, el eminente sociólogo Émile Durkheim (uno de los fundadores de la sociología moderna), postuló que la anomia o anomia social es el mal que sufre una sociedad a causa de la ausencia de reglas morales y jurídicas, debido al desequilibrio económico o al debilitamiento de sus instituciones, lo que implica un bajo grado de integración. La perdida de normas sociales y políticas es producto del abandono anárquico de valores morales y políticos preexistentes, conllevando a un eminente estado de conciencia social carente de voluntad para rechazar todo aquello que subvierta los valores consagrados.
[5] Termino utilizado para referirse a la progresiva tendencia del decaimiento en la confianza del pueblo en el sistema democrático tradicional. Sus efectos son palpables por el descontento con los gobiernos, los partidos políticos, los representantes populares (legisladores), instituciones y funcionarios públicos así como con los demás componentes del Estado en general.
[6] Recordemos que si bien todo ciudadano tiene derecho a votar, no todos son hábiles para ello. En efecto, no pueden ejercer tal derecho aquellos individuos referidos en los numerales 1 y 2 del Art. 88 de la actual Constitución Nacional así como los enajenados o débiles de espíritu.